LA AUSENCIA


Ya habían pasado cuarenta años como maestro en la universidad, pero el Dr. Samuel Campa Guzmán no quería retirarse, por su antigüedad gozaba de un salario atractivo, aparte tampoco quiera dejar el puesto que tanto sacrificio le había costado. Un día por no ser allegado del director en turno, fue evacuado a la fuerza de su cubículo ubicado en el segundo piso de Geofísica, recordaba amargamente cómo le tiraron todos sus libros, cientos de “floppy disks” cayeron de sus cajas, además maltrataron los planos y desfundaron las cajas que contenían veinticinco años de hojas de datos del meteorológico del aeropuerto, todos sus certificados, documentos y archivos volcados en la entrada del instituto. No supo a quién acudir, quedo pasmado durante horas ante la injusta vejación. “Ellos” la banda de científicos arribistas habían usurpado el instituto, les gustaba el dinero fácil, sabían manipular a los burócratas de rectoría, sin levantar sospecha. “Ellos” desterraron al Doctor Adrián Jiménez fundador del Instituto, un ser de conducta intachable quien entendía esa violación, porque las padeció en el instituto que el mismo creo. El Dr. Campa Guzmán se sacudió el pasado, volvió sin prisa a su cubículo y copio la presentación digital para el seminario semanal y con ella guardada en el bolsillo de su chamarra gris se dirigió al auditorio principal.

Otra vez era un desastre, se encontró con la sala semivacía, no se le hacía difusión alguna al “seminario” en la gaceta universitaria. La guerra de los usurpadores no cesaba, no solo bloqueaban la difusión del seminario sino que impusieron su ciclo de conferencias el mismo día y justo dos horas antes llenaban la sala con alumnos acareados, porque sus maestros solapadores de los arribistas les daban puntos por su asistencia estropeando muchas veces el horario que tenía el Dr. Jiménez, quien había instituido y condujo “El Seminario” para los investigadores más renombrados del país y del extranjero todos los viernes durante tres décadas.

Al cumplir sus noventa años, con mucho amor un le cedió al Dr. Samuel la conducción del amado foro de discusión, por su destacada devoción y avances científicos y al cual asistió regularmente hasta unos días antes de su deceso. Los usurpadores con la bendición de la dirección del plantel, aprovechaban el presupuesto para bebidas té o café, jugos, ensaladas de fruta y bocadillos para sus actividades, pero al terminar eso si corrían del auditorio a todos los asistentes, para que no fueran a quedarse al famoso y antiguo seminario de Geofísica. Varias veces le toco escuchar como el coordinador apuraba a los jóvenes; ¡Salgan ya, desocupen el auditorio! En muchas ocasiones ansioso buscaba el Dr. Samuel como frenar el éxodo de los estudiantes, impotente callaba su descontento y, el técnico del auditorio acudía como un ángel a recibirlo con una fraterna sonrisa, cariñosamente lo saludaba como intuyendo su sentir. Entraban pacíficamente los mismos cinco investigadores quienes sabían de la tragedia, antes era más pero poco a poco se estaban muriendo, nostálgicos de los tiempos pasados, veían con desdén a los arribistas salir con algarabía. Ellos tranquilamente tomaban su lugar de siempre, atentos, mientras resurtían la cafetera para levantarse a buscarse una taza de café, sin perder de vista el último informe de fenómenos globales; sobre las heladas, tormentas y huracanes, al menar el azúcar y haciendo conjeturas en la penumbra, señalando sobre las imágenes proyectadas.

La dirección del plantel estaba a cargo de la persona menos conflictiva, como la Dr. Raúl Bilbao un ser pasivo sin visión, ni ambición, a él como a muchos de los políticos comprometidos son presas de los manipuladores. Estos saben lo que quieren, se presentan con ínfulas de humildad y se escudan de la responsabilidad, saben que cuesta, pero no están dispuestos a pagar, ni invertir su tiempo ni energía, no son genios ni talentosos, son pirañas, las pulgas y los buitres humanos. Ellos disponen y eligen al jefecito incauto. Ser el director en cualquier institución burocrática es una tarea que avala al conformismo total, la respuesta condicionada, apoyados en el reglamento (heredado o plagiado de otras universidades), los estatutos garantizan perpetuar la mediocridad. Diría uno ¿cómo es eso posible? Le dan tanta importancia al “Señor Director” se imaginan que tiene el poder de contratar o correr a cualquiera, que se le nombre ‘Jefe del área X” por sus habilidades extraordinarias, pero en realidad él es meramente un facilitador. Desde el feudalismo se practica el otorgar títulos, nombramientos a cambio de su posición y estos señores feudales tenían que proveer de soldados, impuestos y ofrendas al rey. En los inmensos aparatos burocráticos los directores fungen el mismo rol, excepto que ahora rematan el trabajo de los investigadores y tienen un gordo presupuesto para ejercer anualmente, con ese presupuesto contratan decoradores para embellecer los feos recintos donde resguardan a sus capataces (perdón quise decir maestros). Premiar y galardonar a sus miembros por aportaciones destacadas a la ciencia y por añadidura a la patria. Y mágicamente la población admira y aplaude a las instituciones sin sospechar que ahí se cuecen habas, porque a los verdaderos investigadores los tienen castigados, les dan computadoras, pero no les dan los programas, les aprueban proyectos, pero les impiden divulgar su trabajo o vincularse con otros institutos. Así era para el Dr. Samuel y sus colegas estaban marginados, mientras los usurpadores no les permitían atraer la atención, ni que se acerquen gente de fuera, pues también los pondrían bajo la mira y sería incomodo evidenciar “sus avances” son meros refritos.

Imaginemos a las aulas (por no llamarles jaulas) universitarias como células de grasa, si nuestros estudiantes son la “la reserva latente social”, pero, los académicos son las duras y resistentes membranas de la célula, viven para contener a los obedientes estudiantes (la grasa), becados o mantenidos por sus progenitores están en el limbo haciendo maestrías o doctorados con un sentido comercial o con propósito específico y naturalmente muy complejo. Pero juntos posponen entregas, piden más presupuestos, suceden cambios de puestos y dadivas, pero eso si después diez años son grandes amigos cómplices del inframundo académico.

Cuando era un joven universitario el Dr. Campa Guzmán estudio a los Rosacruces, buscaba a quien emular, se desilusiono rápidamente y comprendió cómo funcionan los cotos de poder “la información es poder” y vio que aquel tiempo la investigación científica no se le veneraba, se le temía, pues en el medievo jamás se cuestionaba el misterio de la vida. El método socrático no se trataba de ser muy exclusivo con teorías basado en la destreza del cálculo. Era para abordar y exponer un tema entre varias personas y discutir, encontrar sus debilidades o de contribuir al fortalecer algún punto. Cada vez eran menos los científicos serios, se vendían o compraban su silencio o simplemente morían súbitamente. Casi desde el principio por desgracia la burocracia fue infestando la investigación, por una parte, eran estigmatizados, se les denominaba locos, excéntricos. Pero ya no, ahora son las nuevas celebridades es un porque era un lujo publicar en las revistas internacionales de investigación científica, el fraude era evidente, hay que pagar a la editorial treintaicinco mil pesos “Ellos” publican en manada, diez o más, dan su partecita a la editorial ¡y listo! Ya cumplieron, tienen el hueso por otro año, en uno o dos congresos con una aportación mediocre era suficiente. Muchos jóvenes entraron al codiciado circulo científico para quizá ser mencionado para el premio Nobel. Y se conformaban con los magnos eventos, mismos que eran pretextos para contratar auditorios, en hoteles de lujo y cenas faustosa, lo que importaba era asistir, patrocinadas por organizaciones internacionales, mismas que califican si es o no una amenaza al conocimiento consensuado. Estas prácticas nefastas irritaban al el Dr. Samuel se volvió huraño y desconfiado, eran contados en el mundo quienes podían comprender su trabajo ¡Los datos justificaban su existencia, eran omnipotentes! Los atesoraba y diario los interpretaba, configuraba ecuaciones para los modelos globales, verificando cada resultado. El Dr. Campa Guzmán era muy orgulloso, sabía que sus enemigos lo detestaban por haber planteados modelos propios. Pero, padecía de negligencia personal crónica, aparte de su aguda miopía ya no podía respirar, parecía abrazado por las torres de datos empolvados, era imperceptible la ausencia de emociones y su propia soledad. Cuando dormía, recordaba los tiempos cuando el Dr. Jiménez era director, el seminario estaba lleno de ponentes brillantes, gente cuestionadora, abierta al dialogo. A veces despertaba triste y no comprendía ¿Cómo llegaron esos falsos investigadores? Sentía la apatía de los alumnos altaneros, el desinterés por los datos, creen en “las cajas negras”, perversos irresponsables, pensaba parásitos del erario público. ¿Quién compilará con Fortran su trabajo en Linux? Se preguntaba… Salió noche de regreso a su casa que también estaba llena de datos, falta mucho pensó y se quedó dormido en el camión, ni cuenta se dio cuando murió el Dr. Campa Guzmán de una trombosis, nadie sintió su ausencia, “ellos” vaciaron el cubículo, quemaron todos los datos, repudiando al último científico testigo de sus fraudes.

8 vistas
  • Black Facebook Icon